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La ideología del capitalismo es xenófoba

Noticias

19/03/2016

Capitalismo es sobre todo polarización y concentración de riqueza. Según el último informe de la ONG Oxfam “Una economía al servicio del 1%” (2016), entre 1988 y 2011, el 10% más rico de la población ha acumulado el 46% del incremento total de los ingresos, mientras que el 10% más pobre sólo ha recibido el 0,6%. De hecho, el 10% más rico de la población acapara más que el 80% más pobre, y más del cuádruple que el 50% más pobre. Esta polarización y concentración solo es posible si se explota cada vez más la mano de obra, se aumenta el expolio de nuestro entorno y se oprimen y se saquean otros pueblos.

Aunque el capitalismo ha sido, mediante la colonización primero y el imperialismo después, el sistema que más lejos ha llevado la opresión y el saqueo de otros pueblos, no es el único que ha utilizado las políticas expansionistas. A lo largo de la historia estas políticas expansionistas han necesitado / necesitan y por tanto han tenido / tienen una justificación ideológica. Justificación que se ha basado / basa en proclamarse superiores a los pueblos que explota, oprime y domina, diciendo que lo hace por su bien, para educarlos y civilizarlos. Los europeos “descubrieron” al sur del “viejo mundo” un continente repleto de “negros”. En 1492, Colon, “con la ayuda de Dios” y del capital mercantil, “descubrió” un continente al occidente del “viejo mundo” con abundantes “indios”. No existían en América “indios”, como tampoco había en África “negros”, porque ningún grupo étnico se denominaba así. El interés de explotación de los colonizadores exigía su existencia, eran el producto necesario del proceso de colonización. Posteriormente, este esquema se refuerza en el brutal lenguaje del nazismo, donde los “Untermenschen” (infrahumanos) que en su totalidad constituyen los “Randvölker” (pueblos marginales) que sirven a los “Herrenvölker” (pueblos dominantes) del primer mundo, como esclavos de trabajo.

Hoy en día seguimos asistiendo asombradas a este tipo de justificaciones: “guerras humanitarias”, “intervenciones” para exportar la “democracia occidental” a pueblos “atrasados”, “guerra contra el terrorismo”, “choque de civilizaciones”… Eufemismos de un capitalismo imperialista que necesita controlar a todos los pueblos del planeta para poder ahondar en la explotación y mercantilización de cada vez más aspectos de la vida. Eufemismos, sí. Pero eufemismos que calan en la sociedad y alimentan esa idea de superioridad occidental instalada en amplias capas de la sociedad tras siglos de trabajo ideológico. Y no solo seguimos soportando este tipo de justificaciones, además día a día podemos observar el drama humano en forma de migraciones masivas huyendo de las guerras imperialistas que genera la lógica capitalista. Y lo podemos observar aquí mismo, en esa Europa que se vanagloria de ser la cuna de la democracia. Hoy, 21 de marzo, en el día internacional contra el racismo y la xenofobia, cobra más fuerza que nunca la afirmación de SOS Racismo que dice que “la frontera sur de la vieja Europa sigue siendo una inmensa tumba”. En este sentido coincidimos en el análisis con todas aquellas organizaciones que no dudan en señalar al racismo institucional como el ejemplo más grave de racismo y xenofobia que se produce actualmente en Europa, y cuya máxima expresión son las actuales políticas y leyes de extranjería. Estas políticas, sitúan por un lado, a los colectivos de personas migrantes y asiladas en el centro de sus estrategias de seguridad, en sus estrategias policiales y militares; por otro lado, incrementan el control social, la criminalización y la represión en las propias “democracias occidentales” y, para colmo; justifican y alientan la injerencia y la intervención en terceros países.

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Por un 8 de marzo antipatriarcal y anticapitalista

Noticias

07/03/2016

El capitalismo necesita y legitima la desigualdad, es una estructura de dominación que sustenta su supervivencia  a través de las distintas opresiones que ejerce contra la clase trabajadora. Dentro de nuestra propia clase, las contradicciones de género, nación, raza o disidencia sexual agudizan la  fragmentación de la misma, y el capitalismo utiliza estas fisuras para garantizar su tasa de ganancia y el apuntalamiento de las bases ideológicas que conforman su discurso dominante.

Pero el capitalismo, sin el heteropatriarcado, no es nada. La mujer trabajadora, como sujeto y cuerpo, ha sufrido la agudización de estas contradicciones con más violencia y más determinismo, si cabe.  El heteropatriarcado ha servido para crear unas condiciones de dominación entre los sexos, que han subordinado a la mujer devaluando el valor de su trabajo en todos los ámbitos, tanto en el productivo como en el reproductivo. Además, la configuración de la familia heteropatriarcal es la herramienta que el capitalismo ha utilizado históricamente para perpetuar el patriarcado como ideología y valor social que impregna todas las relaciones humanas.

El capitalismo nos han convertido en las responsables del trabajo reproductivo, sin embargo, aun siendo relegadas al mismo, lo ejercemos de manera gratuita, esclavas sistemáticas de la reproducción social de la fuerza de trabajo, imprescindible para garantizar las condiciones de producción del sistema capitalista. Lo que nos lleva a señalar incuestionablemente que la subordinación de la mujer trabajadora es el garante objetivo de la supervivencia de este sistema de dominación.

Nuestro cuerpo sufre la violencia más explícita del sistema capitalista. Nuestro trabajo está más precarizado, estamos más empobrecidas, las consecuencias de la crisis capitalista nos afectan con más rotundidad alejándonos más de la igualdad, y siendo más vulnerables a la explotación y al desarraigo. No sólo nuestra fuerza de trabajo es explotada, nuestro cuerpo es de dominio público, y los valores que impregnan las sociedades patriarcales nos hacen sufrir la discriminación dentro de nuestra propia clase. Da lo mismo que seamos, vascas, negras, kurdas, lesbianas o transexuales, la condición de mujer siempre va a ser  el elemento  común que apuntale nuestra situación de vulnerabilidad y subordinación.

El feminismo debe integrarse prioritariamente en la lucha de la clase trabajadora en general y del pueblo trabajador vasco en particular. Nuestra emancipación como mujeres, deber ir de la mano de nuestra emancipación como clase y como pueblo. No queremos la igualdad dentro de las condiciones de explotación que tienen los hombres en el sistema capitalista, no queremos ser iguales que los hombres dentro de su contradicción de clase. Queremos ser libres como mujeres y trabajadoras, queremos la superación del Patriarcado y del Capitalismo como estructuras de dominación.

Desde Maiatzak1egin! queremos sacar el discurso feminista de los despachos de las universidades, ''desintelectualizarlo'' y convertirlo en dominio de la clase trabajadora. Que recupere su protagonismo en los centros de trabajos. No puede ser una lucha más, tiene que ser vertebral a todas las luchas, sin nosotras no hay revolución, sin nosotras, no hay victoria.

KAPITALISMOAREN AURKA, EMAKUME LANGILEOK  BAT EGIN!

 

Gora borroka feminista!

Noticias

05/03/2016

LA IDEOLOGIA DEL CAPITALISMO ES PATRIARCAL! POR LO QUE LAS MUJERES SUFRIMOS CON MAYOR CRUELDAD LA EXPLOTACIÓN Y EL EMPOBRECIMIENTO

El patriarcado se asienta en la estructura ideológica política y económica de las sociedades, manifestándose mediante la explotación, opresión y dominación de la mujer. Así, la división sexual del trabajo es irrenunciable e utilizada por el capitalismo para su supervivencia. La ideología patriarcal se impone en todas las esferas de nuestras vidas, de tal forma que hombres y mujeres, no sufrimos de igual forma las consecuencias de la precarización. Si en 1996 por cada hombre en situación de pobreza había 3 mujeres, hoy en 2015, por cada hombre en situación de pobreza hay 5 mujeres!

El capitalismo está produciendo un proceso de empobrecimiento en amplios sectores de la población mundial y esta situación no es neutral en materia de género, en total, hay 12 millones de mujeres más que hombres que viven en la pobreza en la Unión Europea. En Euskal Herria la precariedad se instala en el ámbito laboral, con alrededor de 200.000 personas en paro, pero además las mujeres estamos siendo discriminadas en el mundo laboral como lo demuestra una mayor tasa de desempleo registrado (54% son mujeres), una mayor tasa de temporalidad (27,9% frente al 22,6%), un salario un 35,6% más bajo, o que más del 77,8% de las jornadas parciales las realicemos mujeres. En este contexto de empobrecimiento creciente, tener empleo ya no es una salvaguarda de protección. La existencia de mujeres trabajadoras pobres rompe con la idea de que la integración en el mercado laboral es la condición básica para evitar la pobreza, la exclusión social, la privación material o la desigualdad entre géneros.

Pero, la precariedad, discriminación y explotación va más allá de lo laboral y se extiende a todos los aspectos de las condiciones vitales de las mujeres. Un ejemplo de lo que enmascaran las medias lo tenemos en la gran diferencia real entre la distribución de rentas entre hombres y mujeres, mientras los hombres obtienen una renta total promedio de 24.414 euros (en 2011 era de 25.258 euros), las mujeres cuentan con una de 14.526 euros (casi la misma que en 2011 que era 14.534 euros); es decir, los hombres obtienen una renta personal de 9.888 euros anuales más que las mujeres. En 2011 esta diferencia era de 10.724 euros. Vemos que se reduce la distancia salarial entre géneros, pero no porque mejore la renta de las mujeres sino porque disminuye fuertemente la de los hombres. Los diferentes análisis de la incidencia de las distintas formas de pobreza en función del género revela en todos los casos la peor situación comparada de los hogares encabezados por mujeres. La incidencia de la pobreza real resulta de hecho más del doble en hogares encabezados por una mujer, esto es 10,3% frente a 4,6%.

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Kapitalismoaren aurka langileok bat egin

Noticias

08/02/2016

AYUDAR AL PUEBLO TRABAJADOR VASCO FORTALECIENDO Y ORGANIZANDO EL MOVIMIENTO POPULAR

El capitalismo, sumergido en una crisis estructural, ha lanzado una nueva ofensiva contra los intereses de la clase trabajadora en defensa de su lógica de acumulación de riqueza. Organizaciones como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, OTAN y otros grupos de presión que defienden los intereses de las multinacionales utilizan las diferentes estructuras políticas (Unión Europea, Estados español y francés, instituciones locales, y muchos otros) para implementar diferentes medidas cuyo objetivo está en seguir precarizando las condiciones de amplios sectores populares para conseguir la maximización de sus beneficios.

Medidas de austeridad, aumento de la tasa de paro, declaraciones del FMI… nos siguen imponiendo condiciones laborales y sociales adaptadas a las necesidades de los grandes grupos económicos. Esta coyuntura, junto con el posicionamiento de la CEOE, Confebask y el CEN, nos lleva a la idea de que el sacrificio es necesario para salir de esta crisis impuesta. Pero nada más lejos de la realidad; estas medidas lo único que generan son unos buenos datos macroeconómicos para el capital financiero, a costa de una cada vez más explotada y oprimida clase trabajadora.

Ante la necesidad que contempla el capitalismo de blindar sus estructuras de dominación y garantizar que los estados respondan a los intereses de las trasnacionales, el TTIP (Tratado de libre comercio entre EEUU y la UE) crea e impone medidas de 'vigilancia económica' como el ISDS, un tribunal privado que garantiza que los estados adscritos al acuerdo cumplan las condiciones del tratado, aunque estas supongan una pérdida sustancial de su soberanía económica, política y jurídica. Una vez más, el capital financiero se impone en su empeño de situarse por encima de los estados, obligando a estos a favorecer las condiciones para su expansión, ya bien sea ajustando la presión fiscal o 'flexibilizando' el mercado de trabajo.

En paralelo, las guerras y la violencia son el reflejo de la agudización de las contradicciones del sistema y entre los bloques imperialistas. La internacionalización y concentración cada vez mayor del capital convierte el mundo en un tablero geoestratégico, donde las corporaciones pugnan por los cada vez más escasos recursos y mercados. Además, las fuerzas de seguridad se encargan de velar porque cualquier ataque o postura disidente al sistema sea reprimida de manera ejemplarizante, realidad que se va a agravar con la nueva legislación de 'seguridad' (Ley Mordaza…). Todo esto con la finalidad de hacernos apartar la atención del saqueo constante de nuestros derechos.

El capitalismo, mediante el consumismo y el individualismo, fomenta nuestra alienación. Hemos perdido nuestra identificación como clase trabajadora, y la desmovilización legitima su statu quo. Tanto el modelo productivo como las formas de explotación han cambiado en interés del capitalismo, deslocalizando mucho sector industrial, implantando cada vez más las subcontratas, las ETTs, los falsos autónomos, etc., con el propósito de extraer más tasa de ganancia y debilitar el sentimiento de solidaridad de clase. Sin embargo, todxs seguimos siendo trabajadorxs en tanto los medios de producción no están en nuestras manos y seguimos generando beneficios a los patrones y empresarios a través de la venta de nuestra fuerza de trabajo.

Y por si esto fuera poco, el capitalismo consigue que la clase trabajadora confronte entre ella misma, en perjuicio de los sectores menos privilegiados de la misma, como las mujeres, las personas migradas, las disidentes sexuales etc. Uno de los exponentes más claros de ello el cada vez mayor apoyo electoral que reciben las tendencias ultraderechistas en el conjunto de Europa. Mientras estemos ocupadxs peleando y enfrentándonos entre nosotrxs, más lejos estaremos de organizarnos colectivamente para combatir la impunidad del capitalismo y su reproducción permanente de las contradicciones de género, clase, raza y nación.

Creemos que todo espacio que no sea liberado del control del capitalismo acaba reproduciéndolo. Es por ello por lo que consideramos tan importante la lucha contra el capital en todas sus formas y en todos nuestros proyectos, dado que es imposible la lucha parcial por cambiar la sociedad si no se persigue la destrucción del sistema y la creación de uno nuevo.

Desde Maiatzak1egin entendemos que todas las luchas sectoriales o puntuales son de incuestionable importancia. Por ello, creemos necesaria la alianza y la unión de toda la clase trabajadora de Euskal Herria, así como la solidaridad internacionalista con la clase trabajadora de otros pueblos y naciones. En ese sentido nos pareció importante implicarnos en la lucha que durante más de 70 días desarrollaron lxs trabajadorxs de Movistar en Bizkaia, así como en la dinámica que están planteando para las próximas semanas. En aquella huelga quedó demostrado que a pesar de las relaciones sociales de producción tan complejas en las que están insertos (autónomos subcontratados por diferentes empresas que les llevan incluso a competir entre ellxs) y a pesar de las dificultades de conseguir el apoyo y la cobertura de las grandes centrales sindicales, es posible hacer frente a todos los obstáculos que nos pone el sistema y plantarle cara a una de las empresas más importantes del Ibex 35 y que históricamente ha representado al estado español en su expansión imperialista por todo el globo.

Maiatzak1egin pretende ser una herramienta para fortalecer los vínculos entre el movimiento popular de Bilbo y el movimiento obrero. Reivindicamos la asamblea, la recuperación de nuestra identidad y la organización clasista, para avanzar en la emancipación de la clase obrera.

 

KAPITALISMOAREN AURKA LANGILEOK BAT EGIN

 

Irratiko Elkarrizketak

Noticias

07/05/2015

Pobreziaren Mugari buruz Argizirin aitaldia saioan

Etxebizitza eskubidearen inguruan Zebrabidea saioan

 

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