Pongamos limite a la pobreza iya!

Nos hemos reunido hoy en este frontón de Donostia para escenificar que este sistema que padecemos condena a cada vez más sectores de este pueblo a la pobreza. En la eskupilota la chapa es la línea que divide los pelotazos que sirven para continuar el juego y los que no. Haciendo un paralelismo con nuestras vidas, la chapa representa la línea divisoria entre unos ingresos mínimos para tener una vida mínimamente digna y los que no lo son, es decir, el Umbral de Pobreza. El sistema capitalista intenta desdibujar esta línea para que no seamos conscientes de la realidad y comencemos a organizarnos para cambiarla, y lo hace bien borrando directamente esa línea, o bien dibujando varias líneas (pobreza severa, absoluta, relativa…) para crear división en la definición de qué es pobreza.

Si queremos acabar con esta lacra que es la pobreza primero debemos definirla y cuantificarla. En ese camino queremos presentar el método que, hoy por hoy, consideramos más adecuado para establecer el Umbral de Pobreza. Además, en los próximos meses mantendremos contactos con diferentes organizaciones de cara a realizar lecturas sectoriales que nos ayuden a ir dibujando con mayor precisión el mapa de la pobreza de Euskal Herria.

Pongamos límite a la pobreza ¡ya! ¡Nadie por debajo de la chapa!

EL CAPITALISMO EXPLOTA Y PRECARIZA, Y EN CONSECUENCIA PROVOCA UNA DUALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD

Aun a riesgo de parecer repetitivas creemos que es importante seguir recalcando que el capitalismo está produciendo un proceso de empobrecimiento en amplios sectores de la población mundial. La pobreza es consustancial al capitalismo y se extiende en la misma proporción en que se acumulan riquezas en manos de unos pocos: en 1960 el 20% más rico del planeta ganaba 30 veces más que el 20% más pobre, en 1990 60 veces más y en 2000 82 veces más; hoy el 10% de la población mundial posee el 83% de la riqueza (sólo el 1% de la población posee el 43% de la riqueza), mientras que el 50% de la población mundial sólo posee el 2% de la riqueza. Este proceso también tiene su reflejo en Euskal Herria, iniciado en 1977 con los Pactos de la Moncloa, contra los derechos del trabajo, y agudizado desde el inicio de los años 90 a través de un amplio recorte de derechos sociales y laborales llevado a cabo a golpe de Ley. El objetivo es aumentar la acumulación de beneficios, y esto solo es posible si cada vez se saca más beneficio de la mano de obra (pagando menos), de las materias primas (explotando los recursos de otros pueblos) y expoliando más ferozmente la naturaleza.

En Euskal Herria, la concentración de la riqueza se sitúa en la media del Estado español (el 10% de la población posee el 60% de la riqueza), pero en la provincia de Bizkaia se supera dicha media. Ante esta situación de pobreza y exclusión que convive con grandes acumulaciones de riqueza se hace necesario establecer mecanismos que permitan un reparto de la riqueza, que garantice a todas las personas que vivimos y trabajamos en Euskal Herria obtener unos ingresos mínimos dignos.

LA IMPORTANCIA DE LA DETERMINACIÓN DEL UMBRAL DE POBREZA

Los informes oficiales nos hablan de pobreza relativa, precariedad, ausencia de bienestar… manipulando índices y números que enmascaran la verdadera realidad. ELKARTZEN lleva años reclamando que se establezca un criterio homogéneo para definir y determinar el Umbral de Pobreza (UP).

Pero ¿qué es exactamente el UP? Se trata de definir una referencia en base a los niveles de rentas y precios de una sociedad y a partir de estos determinar la cuantía que necesita una persona para vivir con un mínimo de dignidad. Es una referencia que en la economía pública se ha utilizado en diferentes momentos pero que no ha tenido nunca un valor práctico para determinar prestaciones. Determinar el Umbral de Pobreza es básico tanto para conocer verdaderamente el número de personas que se sitúan por debajo, como para hacer una política efectiva de redistribución de rentas. Desgraciadamente el método estadístico utilizado para medir este UP no es neutral.

Ya en 1928 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) desarrolló la Convención n°26 sobre instaurar procedimientos acordes con el nivel medio de la economía de cada país para la fijación de salarios mínimos, llevando implícito los umbrales de pobreza. El artículo 4 de la Carta Social Europea (1961) afirma que «todos los trabajadores tienen derecho a una remuneración equitativa que les asegure, así como a su familia, un nivel de vida satisfactorio».

Desde este momento muchos son los intentos por “homogeneizar” los niveles de salarios mínimos y umbrales de pobreza, llevados tanto por la Comisión Europea como por el Parlamento Europeo. Pero, con el auge a ultranza del neoliberalismo este derecho a una salario decente ha ido desapareciendo. Tanto el Tratado de Maastricht (1993) como la Estrategia de Lisboa (2000) (y numerosos tratados firmados para el desarrollo de ambos), y la Carta de los Derechos Fundamentales y por ende del Tratado Constitucional (TC, 2004) bajo el pretexto de que las remuneraciones no forman parte de las competencias de la Unión, han acabado dejando de lado, por intereses del gran capital el tema más central del mundo laboral, que no es otro que determinar por baremos unidos a las variables económicas de cada país el Salario Mínimo de dicho país, y no dejarlo al arbitrio caprichoso de los gobernantes, con resultados tan paradójicos como que trabajadores a tiempo completo perciben salarios muy por debajo al Umbral de Pobreza. Esta no-regulación, no se ha debido al desinterés y a la falta de iniciativas poco conocidas y casi siempre ocultadas, sino a la presión del lobby económico, que en última instancia es para el que se regula.

Por otro lado, desde el surgimiento de la Unión Europea son muchos los agentes sociales europeos que han estado trabajando por armonizar una política de rentas mínimas en la UE, a través de una armonización en la valoración del Umbral de Pobreza y del Salario Mínimo Interprofesional, como un todo indisoluble, ya que la mayor causa de la pobreza en estos momentos proviene de los salarios insuficientes y de las prestaciones que se ligan a ellos (desempleo, baja por enfermedad, pensiones, etc.). Desde mediados de la década de los setenta la participación de la población asalariada en la riqueza generada ha descendido mientras que la parte apropiada por el capital ha aumentado sustancialmente: en 1977 la remuneración de la población asalariada representaba el 67,3% del Producto Interior Bruto (PIB), mientras que en 2012 este porcentaje se ha reducido al 48,6%. Entre 2008 y 2011 los salarios más bajos se redujeron en un 10,2% en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa y un 6,9% en Nafarroa Garaia y el 46% (32,6% en 2008) de las personas desempleadas no tienen ningún tipo de cobertura en Hego Euskal Herria.

Además el número de personas perceptoras del resto de prestaciones (RGI, RB, AES, PCV…) no hace más que aumentar, mientras se endurecen las condiciones para el acceso a ellas: a finales del 2013 en Hego Euskal Herria 70.000 unidades convivenciales son perceptoras de Rentas de Garantía de Ingresos (RGI) en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa y de Rentas Básicas (RB) en Nafarroa Garaia (prácticamente se ha triplicado desde 2008), teniendo mayor incidencia entre hogares cuya persona principal es una mujer, entre los más jóvenes y entre las unidades convivenciales encabezadas por personas migrantes; reducción de la RGI (un 7% en a partir de 2012) o congelación de la RB; aumento de la presión y el chantaje para la aceptación de empleos en pésimas condiciones o verse obligado a realizar una prestación social sustitutoria; aumento de los períodos de residencia; deterioro de la calidad de la atención en los servicios públicos, primando las funciones de control sobre las de apoyo y orientación en la búsqueda de empleo…

Como podemos apreciar, en 2013 la urgencia de armonización social esta más viva que nunca, cuando más del 20 % de la población de la UE está amenazada por la pobreza, esta medida es indispensable si se quiere realmente frenar el «dumping social» y anclar una armonización en la línea de dignidad y no en la de miseria.

UMBRAL DE POBREZA Y REPARTO DE LA RIQUEZA

Y ¿cómo se debería calcular el UP? En 2005, una red de investigadores alemanes, franceses y suizos, próximos al movimiento sindical, elaboraron las «tesis para una política europea de salarios mínimos». Estas contribuciones muestran que el problema no reside en la falta de iniciativas, sino en la profundización del neoliberalismo y la precariedad en Europa que se esta constitucionalizando a golpe de ley.

Esta red hace su apuesta por indexar los salarios al PIB per capita, permitiendo que el aumento de productividad y de ganancias de la economía repercuta también en aumento de los salarios, que a su vez repercutirán en una demanda solvente sostenida y en la calidad del empleo. Con este fin plantean un sistema de indización automático articulado en función del PIB de cada territorio, según el cual:

1- El SMI no debería nunca ser inferior al 50% del PIB per capita. El SMI actual, está creando “trabajadores pobres”, cuyos ingresos quedan por debajo del Umbral de Pobreza a pesar de trabajar a tiempo completo. Solamente una política de salarios mínimos justos, anclados a la riqueza real de cada lugar, frenaría la concentración de la riqueza representando una aportación decisiva en la búsqueda de la estabilización de la demanda privada y quedaría totalmente unido a la productividad, como piden ahora los empresarios.

Esta unión de los salarios a la productividad no sería “arbitraria” en las distintas empresas y sectores, sería a la productividad real de todo el conjunto económico (productividad laboral y productividad del capital) que en su máximo exponente queda recogida en el PIB. O sea que salarios y pensiones, para mantener su peso en la riqueza real deberían variar en el mismo porcentaje en que lo hiciera el PIB.

2- Ninguna prestación debería ser inferior al 37,5% del PIB per capita, que pasaría a ser considerado el Umbral de Pobreza.

Ante la opacidad de datos de las administraciones publicas y sus criterios restrictivos a la hora de otorgar prestaciones sociales, debemos socializar el concepto de Umbral de Pobreza y establecer un cálculo social. ELKARTZEN, analizada la propuesta que nos llega desde la Europa social, se ha sumado a la adopción de este baremo de cálculo del SMI y el UP.

En 2014 el Umbral de Pobreza para Hego Euskal Herria queda señalado en 10.730 €, lo que significa una cantidad mensual de 894 € por lo que ELKARTZEN reivindica unas prestaciones o salario social por encima de este valor.

Todas las personas que vivimos y trabajamos en Euskal Herria tenemos a derecho de tener unos ingresos mínimos. Como podemos apreciar el SMI actual 645 €, una parte importante de los salarios, muchas de las pensiones y casi todas las que perciben las mujeres, así como diferentes prestaciones, en concreto la RGI y la RB en Nafarroa Garaia, no llegan en ningún caso al Umbral de Pobreza.

Pero más allá de la cuantía mensual exacta del Umbral de Pobreza queremos hacer incapie en el método utilizado para su cálculo. Aunque somos conscientes de las limitaciones que presenta el PIB a la hora de contabilizar la riqueza generada, no contabiliza el fraude fiscal, ni la economía sumergida, ni que decir el trabajo reproductivo sin el cual esta sociedad no conseguiría sobrevivir, y estando abiertas a las aportaciones que puedan llegar, pensamos que este método tiene la virtud de anclar la distribución de la riqueza a su generación. Un paso adelante en un reparto más equilibrado y equitativo de la riqueza convirtiéndose en un instrumento eficaz para reducir las desigualdades sociales. Además es un mecanismo automático para ese reparto, ya que si la riqueza aumenta, aumenta también la cantidad del Umbral y si disminuye, también disminuye dicha cantidad.

Por otro lado, aunque se conseguirían unas condiciones laborales más dignas al no tener la necesidad de aceptar trabajos precarios para tener unos ingresos mínimamente dignos, es cierto que solo con garantizar prestaciones o salarios sociales por encima del Umbral de Pobreza y salarios por encima del 50% del PIB per cápita, no vamos a conseguir acabar con la pobreza. Asegurar unas condiciones laborales dignas para acabar con la explotación, poner límite a los desorbitados precios de las viviendas y alquileres… son solo algunas de las cuestiones imprescindibles para acabar con la pobreza de una manera integral. Aun así, delimitar el Umbral de Pobreza de Euskal Herria y aplicarlo, es una base importantísima para asegurar los derechos sociales de las personas. Es una regla básica para construir el Sistema de Protección Social de Euskal Herria, junto con el desarrollo de la riqueza colectiva (los servicios públicos, los servicios sociales) y junto con el desarrollo del alquiler público.

Detrás de los fríos números un tercio de la población (1 de cada 3!) de Euskal Herria sobrevive por debajo del Umbral de Pobreza, en silencio e invisibles a nuestro deambular frenético. Algunas tal vez se sientan desposeídas hasta de la voz, pero nosotras aún podemos gritar y queremos emplear nuestra voz y nuestro grito para denunciar esta situación y empezar a darle la vuelta