Día internacional del derecho a la salud y seguridad en el trabajo

Un año más, el 28 de Abril, Día Internacional del Derecho a la Salud y Seguridad en el Trabajo, debe hacernos reflexionar sobre que la gran cantidad de accidentes laborales que se registran cada año, no son fruto de la casualidad o la mala suerte, los accidentes laborales son consecuencia directa del sistema de producción, un sistema que prioriza la productividad y los beneficios por encima de la salud y la vida de las personas trabajadoras. Son producto del ansia por aumentar los beneficios de la clase empresarial y de la ineficacia de las instituciones en materia de salud laboral. Ante esta situación no podemos mirar hacia otro lado, cuando a las personas trabajadoras no se nos asegura que cuando finalicemos la jornada laboral podamos regresar a casas sanas y salvas.

Los datos oficiales, son estremecedores, según OSALAN, en Bizkaia, Araba y Gipuzkoa en 2013 se produjeron 27.627 accidentes laborales, mientras que según el Instituto Navarro de Salud Laboral el número de accidentes laborales fue de 20.318. Si miramos con perspectiva observamos que en el periodo entre el 2007 y el 2014, son 619 las personas que murieron en sus puestos de trabajo consecuencia directa de la explotación. El problema es estructural, es funcional al sistema capitalista, ya que cada cinco días muere una persona trabajadora en nuestro pueblo; el sistema capitalista no está diseñado para entender la frustración producto de la alienación de las personas que día a día venden su fuerza de trabajo, ni tampoco para empatizar con el sufrimiento de las familias y amistades que quedan rotas cuando alguien pierde la vida trabajando.

La mayor evidencia de la precariedad y de la explotación salvaje, son las personas trabajadoras muertas en sus puestos de trabajo, pero no podemos olvidar a las asesinadas lentamente por unos materiales cancerígenos que sus responsables ya conocían o que las muertes por amianto se están disparando, y que otras por otras causas serán descubiertas cuando ya no puedan ser silenciadas por más tiempo. Las enfermedades profesionales destruyen e intoxican más lentamente, por eso también pasan más desapercibidas, pero debemos situarlas dentro de la siniestralidad laboral en el nivel que le corresponde. El catálogo actual de enfermedades profesionales está desfasado, no reconoce la incidencia de las nuevas tecnologías (radiaciones, etc) ni de los nuevos componentes químicos sobre la salud. Por otra parte, la baremación se hace sobre el organismo masculino tipo, no existe una catalogación por género, y la exposición a un producto tóxico puede ser límite para un hombre y mortal para una mujer. En Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa Garaia se notificaron y consideraron más de 3.700 bajas relacionadas con enfermedades profesionales, desconocemos cuántas murieron como consecuencia de dicha enfermedad. Recientemente la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo, estimó que por cada muerto en accidente laboral se producen 28 por enfermedades profesionales.

La Ley actual permite a las empresas contratar el seguro de accidentes laborales y enfermedades profesionales con la propia Seguridad Social o con las Mutuas. Estas últimas son entes privados con ánimo de lucro, formados por las propias empresas, y que tratan de minimizar costes, ahorrando tanto en la reducción de los tratamientos y la duración de la baja, como en las indemnizaciones. Las instituciones públicas no son ajenas a este procedimiento ya que hasta el propio Gobierno Vasco tiene contratado este riesgo con las Mutuas en lugar de con la Seguridad Social. Desde Elkartzen queremos denunciar la hipocresía de la Administración, que es la responsable de la Seguridad Laboral y se dedica a bellas campañas de marketing, a la vez que entra en el juego de las Mutuas, y sigue permitiendo dejar en manos privadas la salud y la vida de las personas trabajadoras; donde la indemnización por una muerte es más rentable para la empresa que poner verdaderas medidas de seguridad; donde se hace trabajar con productos cancerígenos y se oculta; donde se expone constantemente la salud a emanaciones, radiaciones, contaminación acústica y un largo etc., cuyo grado de resistencia no ha sido probado a largo plazo, y acaba diagnosticándose un cáncer común -no catalogado como accidente laboral, un problema respiratorio crónico -también tratado como común- y un largo etcétera que nunca será reconocido. Interesa el beneficio aquí y ahora, y las personas trabajadoras solo somos una mercancía más del mercado que el sistema económico, con la complicidad de la administración, tratan de que sea la más barata y accesible posible para la patronal.

Las clases dominantes están haciendo de la precariedad un modo de opresión generalizado, donde el objetivo es aumentar la acumulación de beneficios a costa de nuestra salud con la aparición de nuevas enfermedades laborales, y aumento de las causadas por el estrés, ansiedad, adiciones, etc., como consecuencia de una alta presión psíquica contenida en los nuevos diseños de organización y dirección, que conducen hacia la competitividad y el individualismo dentro de las propias relaciones entre trabajadores y a asumir de forma individual, problemas que son colectivos, como los ERES y los despidos. Se utiliza a las personas trabajadoras, donde mujeres, jóvenes y migrantes somos las más desprotegidas, como meras mercancías al servicio de un mercado de trabajo totalmente flexibilizado.

Pero más que de precariedad laboral, tenemos que hablar de precarización social, porque a los factores ligados al trabajo se le añaden otros factores de precarización enmarcados en la privatización o desaparición de la protección social en general, el SMI y demás prestaciones están por debajo del umbral de pobreza mientras están individualizando la responsabilidad de garantizar las necesidades sociales, dejando la satisfacción de las mismas a merced de la capacidad económica de cada uno, promoviendo planes privados de pensiones, aseguramiento sanitario privado, etc., haciendo más actual si cabe esta frase que nos sacudía a ritmo de reage: “Me matan si no trabajo y si trabajo me matan”.

Desde Elkartzen creemos que sí se pueden dar pasos efectivos para acabar, o al menos reducir, los accidentes y enfermedades laborales e introducir elementos de dignidad en los puestos de trabajo. Desde Elkartzen exigimos a las instituciones y a la patronal que se cumplan las leyes de salud laboral, que se diseñen planes de seguridad laboral efectivos, que no se contrate ni se ceda el control de nuestra salud a las mutuas, que la asistencia sanitaria se realice por los servicios sanitarios públicos, que se ponga fin a los contratos precarios y se suprima la contratación por ETTs, que se erradique toda discriminación salarial, que se supriman las horas extras y las largas jornadas de trabajo, en definitiva, que se garantice el derecho a la salud en el trabajo. Pero también queremos lanzar un mensaje muy claro: sólo con la lucha diaria conseguiremos unas condiciones laborales más dignas que garanticen nuestra salud. Nadie nos lo va a regalar por su buena voluntad. Por lo tanto, cada cual desde su espacio, en las empresas, en la calle, en los centros de estudio o en nuestras casas, debemos exigir lo que nos corresponde. Es posible y lo conseguiremos.


¡LUCHA POR TUS DERECHOS SOCIALES!

¡HAZ FRENTE A LA PRECARIEDAD!

¡TRANSFORMA LA SOCIEDAD!


ELKARTZEN, en Euskal Herria a 28 de Abril de 2015