Ante la violencia patriarcal organización y autodefensa

Un año más ha llegado el 25 de noviembre. Un año más en el que no podemos menos que denunciar la violencia que sufrimos las mujeres. Y un año más en el que no escucharemos en las declaraciones institucionales un análisis sincero, serio y completo de la violencia patriarcal, en el que no habrá referencia alguna al capitalismo. Pero gracias a la labor realizada durante años por la lucha feminista, hemos aprendido que estas dos realidades no pueden separarse. Del feminismo hemos aprendido que la ideología del capitalismo es patriarcal. El patriarcado está integrado en la estructura ideológica, política y económica de la sociedad, y la opresión de las mujeres se manifiesta a través de la explotación y la dominación de género. Así el capitalismo, mediante el reparto del trabajo entre sexos, nos utiliza a las mujeres para su supervivencia y reproducción. De todos los resquicios de esa utilización rezuma violencia.

Para inmortalizar las relaciones de poder que aseguran la supervivencia y reproducción de este sistema, la violencia es un ingrediente fundamental. El sistema trata de que esta violencia estructural sea imperceptible, hasta hacernos creer que no existe. De entre todas las violencias que se ejercen contra las mujeres, puede que la violencia física sea la más impresionante, pero el patriarcado, así como el capitalismo, necesita de esa “otra” violencia estructural a la que no solemos prestar atención: menosprecios hacia las mujeres, insultos, invisibilidad, lenguaje sexista y machista, precariedad, feminización de la pobreza, casos extremos de pobreza… etc.

Esa violencia estructural que la mayoría de las veces no queremos ni reconocer, lleva ya muchos años empapando, poco a poco como el xirimiri, la conciencia de la sociedad, naturalizando y facilitando ideas y actos que no hacen más que dar nuevas vueltas de tuerca a la violencia patriarcal. El caso de los cinco de Iruña es paradigmático: del agresor individual a las agresiones en grupo; de ocultar las agresiones a vanagloriarse públicamente en las redes sociales… Evoluciones que no pueden entenderse sin analizar esa violencia “invisible”, esa relación patriarcado-capitalismo y esa ideología patriarcal que cala todas las relaciones sociales. Ideología patriarcal, que siendo funcional al capitalismo, busca el mantenimiento del statu-quo.

Y para mantener este statu-quo el papel de la familia es fundamental. El modelo familiar patriarcal se basa en la invisibilidad de los trabajos domésticos, trabajo socialmente necesario, que recaen en los hombros de las mujeres. Así como el patriarcado sustenta el sistema capitalista, la familia sustenta el patriarcado, ayudando a asegurar su reproducción. ¿Liberación de las mujeres con su inserción en el mercado laboral? No. El núcleo familiar queda intacto así como el trabajo reproductivo sigue invisibilizado y en manos de las mujeres, que pasan a tener una doble jornada laboral (además en el mercado laboral sufrimos más la precarización; tenemos peores condiciones de trabajo en los sectores más precarizados, que coinciden en muchos casos con trabajos reproductivos; los sueldos más bajos, aun haciendo el mismo trabajo que los hombres cobramos menos… etc). El mantenimiento del patriarcado refuerza la explotación capitalista. A medida que la tasa de ganancia del capital desciende, la utilización de la violencia se va haciendo cada vez más visible e intensa.

El patriarcado condiciona la situación materiales de las mujeres, algo que el capitalismo ha aprendido perfectamente y cómo podemos ver utiliza. Nos quiere condenar a ser económicamente dependientes de los hombres. Ante esta situación y para comenzar a dar pasos en la superación del sistema patriarcal, es indispensable el reparto del trabajo productivo y reproductivo, y establecer un Umbral de la Pobreza (el 37,5% del PIB per cápita) y un salario social que iguale o supere esta cantidad. Además, el salario mínimo interprofesional debe fijarse en el 50% del PIB per cápita para eliminar las diferencias salariales entre géneros. Sin independencia económica, la libertad y la independencia no son más que palabras huecas.

Este pueblo ha conocido innumerables ataques a lo largo de su historia, y ante todos ellos se ha defendido. El pueblo trabajador ha sufrido muchos tipos de violencia y ha necesitado de la organización para hacerles frente. Las mujeres trabajadoras de este pueblo llevamos en nuestras entrañas la violencia que sufrimos por ser mujeres, trabajadoras y vascas. Más allá de tener toda la legitimidad, debemos comprender que la única opción para salir vivas de todas las agresiones es la organización y la autodefensa. En este sentido, queremos animaros a participar en las movilizaciones que a raíz del 25 de noviembre van a realizarse en todos los pueblos y ciudades de Eukal Herria y animaros a responder activamente a todos esos ataques que se dan diariamente en todos rincones de nuestro pueblo. Si tocan a una nos tocan a todas.

 

¡¡¡Defendámonos!!!

¡¡¡Viva la lucha feminista!!!

Patrizia Muñoz e Iker Aroztegi, miembros de Elkartzen.

En Euskal Herria el 25 de noviembre de 2016